Le pregunté a un taxista a quién iba a votar en estas PASO. Hizo un profundo silencio y respiró hondo. Fueron los segundos más largos de un viaje al centro de la ciudad.

«Todos mienten, nadie dice la verdad», fue la respuesta de ese hombre sencillo con 12 horas al volante para parar la olla. Tal vez sirva para resumir que la mayoría de la gente está decepcionada, al no haber nada nuevo bajo el puente.

No parece bueno gritar: ¡Carajo!, mientras se profundiza la crisis y se observa fatiga ciudadana por la carencia de propuestas. A través de los spots, vacíos de contenidos solo hay voluntarismo y no se vislumbra la salida al final del túnel con recetas sensatas. Solo queda en evidencia, el intento de algunos viejos conocidos que pugnan por rapiñar un espacio de poder para continuar colgándose de la inmensa teta del Estado. En general, hay poco condimento en los menúes. 

Mientras el bolsillo enflaquece, otras cuestiones como  la educación, salud, pobreza, moneda, gasto público, exportaciones, productividad y respeto a la ley, permanecen en la ganchera. Son las asignaturas pendientes de la democracia. Es lamentable, pero ningún gobierno pudo resolver estos temas en las últimas décadas. 

Es la hora de tomar conciencia que no hay dos países: «el bueno», que es el de los míos  y «el malo», que es el de los otros. Más allá del «Sí se puede» o el «Vamos a volver», existe uno solo, con déficits históricos y estructurales dramáticos que deben resolverse en el corto plazo. 

No hay otro camino, que hacerlo a través de políticas de Estado debidamente consensuadas con todos los espacios. No obstante, los  políticos hoy se muestran  lejos de esa sintonía. Nadie ha exhibido en sus vidrieras cargadas de ilusiones, ofertas serias para resolver estas temáticas en el largo plazo. Es más, el escenario se parece a una suerte de Boca-River, donde los rivales quieren triunfar, por sobre el cadáver del otro.

En el fragor de la batalla, no elaboran que para resolver el futuro de una economía que tatuó el estigma del endeudamiento impagable, el próximo gobierno tendrá que sudar la gota gorda y lograr grandes acuerdos si se quiere salir del pozo. 

Solo  se podrá construír a través del diálogo. Gane quien gane, habrá que comenzar a hilvanar políticas de Estado. La dirigencia debe tomar conciencia que hay que actuar con la verdad, cueste lo que cueste, porque el futuro será muy sacrificado para todos. Hay que decirlo y hacer de tripas coraje. Mandar de una vez por todas al tacho de basura, aquella frase mítica de Carlos Menem: » si yo decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie».

Es preferible mandar al muerto al cementerio, aunque duela y no seguir velándolo de a ratos.

Desde el Gobierno ya comenzó la preocupación por la economía pos-PASO, especialmente la real. La Casa Rosada teme,  que ya se haya contabilizado todo lo que podría aportar a la estabilidad cambiaria y fiscal lograda desde fines de abril (luego de la apertura desde el FMI del uso de los dólares del stand by). Creen que para los próximos poco más de dos meses preelectorales habrá que echar mano a nuevas estrategias para conseguir mejores números que los del primer semestre.

Hay que poner en claro, que el país no da para más. La  media docena de propuestas que han disparado los candidatos para ponerle plata en el bolsillo a la gente, no alcanzan para llenar el vaso.

La mayoría son creíbles y carecen de rigor profesional. Son por lo pronto, una rara combinación de bajar impuestos a las pymes, aunque no sabemos cuáles, a las Ganancias de los trabajadores y devolución de impuestos a los que compren con tarjeta de crédito o débito. Pero al mismo tiempo que se promete bajar impuestos, también se propone aumentar el gasto público. Por ejemplo, regular el aumento de los que tomaron créditos ajustables por UVA y aumentar las jubilaciones.

En lo que tiene que ver con los los incrementos de salarios, los economistas serios sostienen que se trata de puro voluntarismo. Es de manual, que el sueldo real depende de la productividad de la economía, la que a su vez está enganchada de la tasa de inversión, algo que no se visualiza desde las propuestas mágicas de los encantadores de serpientes.

Es indispensable bajar el gasto público, porque habrá más brecha fiscal que se deberá financiar inexorablemente con emisión monetaria generando inflación. Significa tomar más deuda interna, desplazando aún más al sector privado del mercado crediticio.

También habrá que contraer más deuda externa, contradiciendo el discurso anti endeudamiento. O terminar cobrando más impuestos a otros sectores, con lo cual solo habría una transferencia de ingresos para que consuman o inviertan menos los que pagarán más impuestos y consuman más los que reciben ese aumento de carga tributaria.

En definitiva, las dos frentes políticos con mayores chances parecen no haber aprendido nada de sus gestiones y están dispuestos a seguir cometiendo los mismos errores. De la vereda del kirchnerismo, prometen volver a la fiesta de consumo de sus 12 años de gobierno, sabiendo que esa postal es irrepetible porque las condiciones actuales no son las mismas que imperaron entre 2003 y 2015, y Alberto Fernández diciendo que va a volver a encender la economía, pero sin explicar de dónde va a sacar la energía.

Desde la vereda de Cambiemos, siguen soñando con los brotes verdes que ni siquiera aterrizaron en la maceta del balcón. Creen que solo hay que esperar a que pase la recesión y de nuevo van a llover las inversiones porque Mauricio Macri renueva su mandato. Lo real, es que no hay un plan económico y hasta que no lo haya, nadie aterrizará en el país para abrir generosamente su billetera.

Y entre los terceros en discordia, aparece Roberto Lavagna proponiendo hacer magia, poniendo plata en el bolsillo de la gente. Es prometer sacar un conejo de la galera que no existe. La clase política debería tomar un baño de seriedad. Comprender que la Argentina está agotada y los argentinos estamos desilusionados de tanta lluvia de sarasa. Terminamos Julio a toda máquina con los mercados muchos más optimistas que muchas encuestas, pero cuidado, Agosto arrancó con un baño de realidad.

Los políticos ya deberían empezar a pensar lo que será la vida después de diciembre. Me olvidaba de un dato fundamental: en medio de tanta malaria, si San Cayetano se presenta  este domingo, gana por afano.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.   

Jorge Joury