En el gobierno se muestran cautos al momento de evaluar las repercusiones que puede tener en la campaña la fuerte movilización a Plaza de Mayo en apoyo a Mauricio Macri.

Hay sectores que aseguran que la movida es un impulso a no resignarse y a pelear la elección. No obstante, hay  otros que planteaban que la diferencia es muy difícil de remontar.

Ponen como ejemplo el 2015, cuando Cristina dejó el gobierno frente a una multitud de medio millón de personas en Plaza de Mayo, pese a perder la elección de 2015 y la militancia coreaba: «Vamos a volver».

En ese sentido, el debate dentro del macrismo es si es lo que ocurrió este sábado fue una «Plaza del Adiós» o una «Plaza del milagro».Con todos los papeles quemados y un intento de retomar la campaña a una usanza que ya demostró que no alcanzó, a través de WhatsApp, Macri se animó a lo que jamás había imaginado. Salir al balcón de la Casa Rosada buscando empatizar con la gente que se había agolpado para verlo y pedirle que no afloje era algo que no estaba previsto en su mundo.

Cada persona decidió salir a la calle con sus grupos de afinidad, sean familiares o amigos. La composición de la marcha fue un reflejo de los sectores donde el Presidente concentra su voto más duro, el de los convencidos.

La mayoría eran adultos mayores (predominantemente mujeres) y personas de clase media y alta de entre 40 y 60 años, algunos acompañados por sus hijos. Casi todos estuvieron en movilizaciones contra Cristina Kirchner.

Un dato a tener en cuenta, es que en  el marco de rumores sobre «provincialización» de la campaña de cara a octubre, Vidal no hizo referencia al presidente y eligió una foto de la capital bonaerense para graficar su estado de ánimo.  

«Gracias a todos por esta caricia al alma. Pondremos todo de nosotros para ser mejores, escuchar, aprender de nuestros errores y seguir construyendo un país de consenso y de diálogo; el país de nuestros abuelos donde la diversidad era un valor y no un obstáculo».

Vidal cree que el gobierno nacional la dejó sola y sin recursos para remontar la adversidad. Lo cierto es, que a trece días de la derrota en las PASO, miles de porteños marcharon del obelisco a Plaza de Mayo para expresar su apoyo al gobierno de Cambiemos.

Las consignas centrales fueron las mismas que en 2015: “Sí/se/puede” y “Ar/gen/tina, sin/ Cris/tina”. A diferencia de las cientos de movilizaciones para repudiar políticas oficiales, el gobierno esta vez abrió los enormes portones de rejas que alejan al pueblo de la Casa Rosada luego de que el presidente decidiera interrumpir su descanso para acercarse.

Mauricio Macri se asomó al balcón, que no pisaba desde el 10 de diciembre de 2015, saludó, levantó los brazos y mandó besos durante media hora, pero no le habló a los suyos.Hay que recordar, que cuando era oposición, una de las críticas que el actual gobierno nacional le hacía al kirchnerismo era que utilizaba espacios públicos, como la Casa Rosada, para realizar actos partidarios.

Era un cuestionamiento que se magnificaba para intentar retratar con ese hecho las supuestas prácticas autoritarias de la gestión anterior.

El presidente, esta vez usó el balcón de la Rosada para un acto de su fuerza política, lo cual podrá discutirse si es legal o no en tiempos electorales. Hizo desplegar una bandera argentina en la fachada de la sede del gobierno y salió a arengar a sus seguidores, una muestra más de que, en política, puede aplicarse la frase atribuida a los médicos: haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. 

Macri estuvo parado frente a la multitud, junto a su esposa Juliana Awada, levantando el puño, gritando, ya que no había nada montado para un discurso y levantando una bandera nacional.

La movilización, que se repitió en distintas plazas del país fue organizada con los instrumentos clásicos de la cultura PRO. Fue convocada con varios días de anticipación por las redes sociales, primero por el actor Luis Brandoni y luego por el cineasta Juan José Campanella, para que pareciera una iniciativa espontánea.

El objetivo fue relanzar la campaña electoral y puntualmente entusiasmar a los propios votantes de Juntos por el Cambio luego de la aluvional derrota sufrida en las PASO.

El tema de las Primarias es un estigma para el equipo amarillo. El Presidente sufrió «un palazo», como el mismo admitió. El resultado instaló con inusitada fuerza la sensación de que la elección está resuelta y de que el próximo inquilino de la Casa Rosada será Alberto Fernández.

Uno de los riesgos que corre el gobierno con este ambiente generalizado, es que sus propios votantes, al menos una parte de ellos, no concurran a las urnas el próximo 27 de octubre por dar por terminada la contienda. Esto podría implicar que la distancia que el peronismo unificado le sacó al macrismo se acreciente todavía más y que el oficialismo haga una elección incluso peor que la del 11 de agosto.

El ejecutivo necesita de manera urgente, estimular a su propia tropa, a su base electoral. No puede hacerlo sin tratar de torcer el clima de «cosa juzgada» que dejaron las PASO. Los actos del sábado y la salida de Macri al balcón son parte de la estrategia para evitar una frustración aún mayor en la elección nacional en la que el giro político que tuvo el país hace 15 días se formalizará por completo en octubre.

Lo cierto es que en Juntos por el Cambio no están dispuestos a bajar la guardia. Carrió ya dijo que dará pelea. Se define como una porrista y le pone garra a esta suerte de epopeya amarilla.

La líder de la Coalición Cívica apuesta al desorden. Dice que no cree que el desorden económico deje al gobierno en una situación tan desesperada.
«Cuando hay caos, la gente vota el orden», asegura. «Orden en este país es Mauricio Macri», vocifera exultante.

Más incontinente que nunca cierra filas con Marcos Peña y como al pasar tira munición gruesa contra Rogelio Frigerio, a quien acusa de intentar fortalecer los vínculos con los gobernadores del PJ. Una tarea a la que a lo largo de toda su gestión el ministro del Interior se dedicó con especial empeño.

La idea de ampliar la base de sustentación política de Cambiemos no parece haber entusiasmado mucho al Presidente. Es evidente que prefirió la zona de confort del núcleo duro PRO como se vio el sábado en las plazas de todo el país. Un ámbito cerrado y un tanto negador de la realidad que lo terminó separando de sus hombres más politizados y donde hoy lo encuentra refugiado ante la estruendosa golpiza electoral.

La hipótesis de que Juntos por el Cambio sume la totalidad de los votos de Lavagna (8,2%), los de Espert (2,2%) y los de Centurión (2,6%) no sólo es descabellada, sino que incluso esa sumatoria lo dejaría 2 puntos por debajo de Fernández.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.    

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