*Por Jorge Joury

Finalmente votó el bolsillo de manera contundente y le provocó al Gobierno un verdadero tsunami. Lo dejó temblando como una hoja en medio de una tormenta de votos, que le dieron a la oposición un triunfo histórico. El verdadero aluvión de sufragios registrado el domingo, puso a la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner, en los umbrales de la Casa de Gobierno. No solo lo deja a Mauricio Macri muy lejos de la esperanza reeleccionista, sino que el binomio Kicillof-Magario, también se llevó puesta por más amplio margen a la esperanza amarilla bonaerense: María Eugenia Vidal. 

Si alguna enseñanza para el Gobierno deja esta elección, es que el pueblo ya no está dispuesto a apuntalar el plan de ajuste que está aplicando el oficialismo. El mensaje que transmitieron las urnas, es que el modelo macrista, ya no tiene vida. La ciudadanía así como da, quita. Y ahora quedó claro que hacia adelante tendrá que venir un cambio radical en el plan económico del oficialismo, si Mauricio Macri quiere llegar con vida electoral a octubre.

 Por estas horas, es algo que parece difícil de conseguir con la diferencia abrumadora que marcaron las urnas. El grave problema para la Casa Rosada, es que cualquier movimiento que se intente, especialmente en un desvío en lo fiscal, para poner plata en los bolsillos de la gente, está absolutamente vedado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que sólo le permitirá a Macri sostener el acuerdo firmado en septiembre pasado con algún desvío de no más del 1% de déficit fiscal primario.

El cachetazo más duro para el oficialismo en materia económica, quedó plasmado en los resultados de los centros urbanos del país. Especialmente en las ciudades más importantes de la provincia de Buenos Aires, que le dieron la espalda. Es en esos nichos, es donde la crisis pegó por debajo de la línea de flotación dejando heridas graves.

Lo más duro para la Casa Rosada, es que quedó claro que en esa geografía ningún mensaje de la clase política del oficialismo o desde los mercados financieros podría llegar a torcer el resultado de este domingo. Hacia adelante, sólo una mejora clara en la economía real y alguna señal seria de recuperación podría cambiar el rumbo, algo difícil de obtener. Más aún, frente al corcet del FMI. Ni el fantasma de que la Argentina podría convertirse en Venezuela, ni el mote de defolteadores para bajar la categoría de los rivales, quedó claro que ya no dan resultados. La estrategia de Jaime Durán Barba y Marcos Peña, fue solo un sueño engañoso que terminó en pesadilla. Habrá que esperar si finalmente ruedan cabezas para calmar la fiebre y cómo reaccionarán los mercados ante el nuevo escenario.

Ahora el teléfono del FMI lo tiene Alberto Fernández. Tiene el desafío  de dar buenas señales para que no haya ningún cimbronazo económico y todo se desmadre. También el Gobierno debe ayudar con señales tranquilizadoras.Es por su propia subsistencia y para garantizar la gobernabilidad de aquí a octubre.

Macri deberá tomar conciencia que los trapos que deberá defender hasta la final en las urnas son lapidarios. La inflación promedio anual pasó del 27% hasta 2015 al 57%, en el mejor de los casos. La pobreza (según la medición de la UCA) de 30% se disparó  a más de 35%, con una indigencia que pasó del 4,5% al 8%. La tasa de interés de diciembre de 2015 se ubicaba en 38%, mientras que el viernes cerró a 63% . Y además, se teme, que podría romper nuevos récords. El salario mínimo estaba en 580 dólares, mientras que hasta julio se ubicó en 279 dólares. En 2015 pagaban Impuesto a las Ganancias 1.175.000 trabajadores en relación de dependencia, mientras que ahora se espera que la cifra trepe a 2,2 millones de personas en agosto.

El balance es muy negativo. Macri habrá gobernado con tres años de caída en la economía con uno sólo de crecimiento, y entregando niveles de producción industrial inferiores a los recibidos en 2015, incluyendo situaciones dramáticas en los sectores automotriz, textil, lácteos y en la construcción, además de gran parte de las pymes en la lona.

En el balance general de un domingo negro para el macrismo, se puede decir que la diferencia rondó los 15 puntos porcentuales. Es la cifra mayor a las más generosas previstas por las encuestas, que fueron también las grandes perdedoras de la jornada. El largo 48,5 % obtenido funciona como bonus.

Axel Kicillof y Verónica Magario con más del 52.3% se impusieron en la provincia de Buenos Aires a la dupla María Eugenia Vidal-Daniel Salvador. El corte de boleta de 2015, el sueño de la gobernadora, no se repitió ¿Lo pedirá Vidal en octubre, contra Macri? Son preguntas para el futuro que viene. En La Plata hay mucho malestar con el gobierno central. Principalmente porque a la gobernadora no la dejaron desdoblar la elección con ella quería.Tal vez el resultado habría sido otro y se podría haber salvado la bandera bonaerense de Cambiemos. No lo sabemos, pero es una posibilidad.

Otro dato a tener en cuenta, es que el Jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta fue el único mandatario del PRO que pudo sonreír sin impostación ni tanto esfuerzo, aunque la diferencia con Matías Lammens (14 puntos) fue menos a la de otras competencias.

Ahora habrá que mirar a la la elección de autoridades que  se realizará el 27 de octubre. Esa será la instancia definitoria. De cualquier manera el plebiscito del domingo reconfigura el escenario, que por lo que se ve, tiene pinta de irreversible.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas.    

NG