Si bien Macri sostuvo el martes que habla como Presidente, sus últimas jugadas lo muestran dispuesto a encarar un período de transición, acelerado por una derrota por más de 15 puntos en las elecciones del 11 de agosto.

En tanto, Fernández completa ese guión al hablar de la creación de ministerios bajo su eventual gestión y su visión sobre el futuro del acuerdo con el FMI y el «techo» del dólar. Mientras tanto, Cristina Kirchner pidió una campaña en punta de pies y eligió el silencio ante la crisis del Gobierno.

La ex Presidenta ordenó «prudencia» a sus filas y seguirá alejada del centro de escena. Este jueves viajará de nuevo a Cuba  a ver a su hija, donde se quedará durante una semana.

El escenario se parece al final casi anunciado de una película, pero que aún guarda suspenso en el capítulo económico. En esa dirección, Mauricio Macri le tomó juramento a Hernán Lacunza, el ministro de Economía número 25 desde el advenimiento de la democracia, allá por 1983.

El nuevo funcionario planteó el objetivo de estabilización cambiaria, pero sin anunciar medidas concretas en lo que respecta a la vida cotidiana de los que están sufriendo el impacto en el bolsillo.

Lacunza, basó su presentación en las confirmar las virtudes de cumplir con las metas fiscales y monetarias comprometidas con el Fondo Monetario Internacional. Abundó más en eso que de economía productiva, de crecimiento, de poder adquisitivo. Puntualmente, le habló a los «mercados» para que no vuelvan a patear el tablero.

La foto que estamos observando, es la de una transferencia de poder acelerada hacia la oposición, de manera que la capacidad de acción del oficialismo y sus ministros se encuentra dramáticamente limitada por la falta de fortaleza política.

LA TRISTE COMPARACION CON DE LA RUA

Sin anunciar ninguna otra medida de compensación, quedando otra vez los jubilados con las manos vacías, Lacunza continuó en tono de campaña electoral elogiando la gestión de Vidal e insistiendo con que la economía no crece desde hace ocho años.

Es la forma de decir que la debacle actual es un continuado desde el segundo mandato de Cristina Kirchner. Forzó aún más esa distorsión, al decir que no hubo un ciclo de crecimiento fuerte desde hace cincuenta años. 

Por lo que pudo saberse, el nuevo ministro está muy preocupado por la eventual irrupción de una espiralización inflacionaria que deje al Gobierno al borde del abismo.

Frente a ese hipotético escenario, considera que la política cambiaria tendrá un rol central en garantizar la gobernabilidad de aquí al 10 de diciembre.

Pero para tener éxito en su misión, asegura que no hay margen para más medidas electoralistas como las anunciadas la semana pasada y que el gobierno debe focalizarse en coordinar una transición ordenada.

Mientras tanto, desde la estrepitosa derrota en las urnas, pegarle a Mauricio Macrfi se ha convertido en un verdadero deporte en las redes sociales. Lo cierto es que tras el feriado largo, el Presidente retomó sus funciones en la Casa Rosada al tomar juramento al nuevo ministro Lacunza y cometió un nuevo desliz.

Notablemente cansado, se confundió de día y aseguró que era lunes. Los usuarios de Twitter trazaron rápidamente un paralelismo entre la gestión del líder de Cambiemos y el ex presidente Fernando de la Rúa, recordado no sólo por haber desatado una de las peores crisis económicas en el país, sino también por los innumerables momentos en los que actuaba como si estuviera perdido.

En las redes llegaron a definir a Macri como el «De la Rúa 2.0». “Tanto dormir que ni sabe en que día está parado. Le faltó decir ‘Saludos a Laura’”, se burlaron desde las redes. 

SIN RECETAS MILAGROSAS 

Mientras tanto, la mayoría de los economistas ofrecen sus recetas. Algunos señalan que en una situación de recesión como la actual, la fórmula adecuada a aplicar es la keynesiana. Es decir política fiscal expansiva para poner en marcha los motores.

Pero desde la semana pasada la Casa Rosada no dio señales de esa medicina, y con el nuevo ministro tampoco apareció nada de eso.

De la vereda opuesta en cambio, entienden que poner plata en el bolsillo de la gente puede despertar la demanda de dólares, aunque están convencidos de que el tipo de cambio ya es razonable, y que cuentan con las municiones necesarias para domar cualquier desboque de los mercados. 

La buena señal de madurez política, es que Macri llamó a Alberto Fernández para anticiparle que el ministro Lacunza, convocaría a los economistas de todos los partidos, a lo que el candidato del Frente de Todos habría contestado «contá con eso».

Lavagna también tomó el guante y puso a disposición del Gobierno a sus especialistas.Mientras tanto, hay que decir que un Macri visiblemente golpeado, le recomendó a Lacunza cuidar a los argentinos y hablar con todos.

Es precisamente, algo que él nunca hizo cuando gozaba de las mieles del poder y su equipo de ceos le recomendaba mantener el amarillo puro para no contaminarse, ni siquiera con los radicales y menos con el aliento de la dirigencia opositora.

Ahora, el amarillo se convirtió en sepia, porque el Presidente, más allá de sus convicciones sobre la economía, cometió múltiples errores políticos que catapultaron su derrota. Y luego de ella, pisó el palito y en segundos, empobreció un 25% más a la nación en medio de una brutal devaluación.

LA FUGA DE LOS AMIGOS DEL CAMPEÓN

El país no es una empresa, como creía el ingeniero de «la revolución de la alegría».Se necesita mirarlo con sensibilidad y de vez en cuando acariciarlo con medidas contenedoras, no con latigazos permanentes que inmovilizan y lastiman.

Nada de eso, hizo Macri. Creyó y apostó a suplantar al electorado por los mercados. A la luz de sus concepciones neoliberales, estableció una suerte de noviazgo y gobernó para ellos.

Los bancos se llenaron de plata. Los empresarios también lo aplaudieron, hasta que se dieron cuenta que el modelo amarillo paralizaba sus fábricas, las tarifas se convertían impagables y miles de obreros que quedaban sin trabajo. Macri necesitó tres años y medio para entender que su sueño de pobreza cero se convertiría en una quimera.

Y que el «mejor equipo de los últimos 50 años», se iba al descenso después de perder por goleada con la traición de los ocasionales amigos del campeón. Macri debería haber aprendido de las enseñanzas de su padre y comprender que el dinero no tiene códigos, ni respeta lealtades. Pero sí sabe de enojos cuando los bolsillos adelgazan.

En varios artículos anteriores a las elecciones, comenté la percepción de que esta vez iba a votar el bolsillo. Macri dijo que él no iba a engañar a la ciudadanía, que prefería decir la verdad, por cruda que fuera.

Pero fue él mismo quien, encuesta trucha en mano, que no se sabe de qué laboratorio salió, el sábado previo a las PASO reforzó las conversaciones del viernes encargándose de transmitir optimismo a ejecutivos influyentes. Los diarios La Nación y Clarín, ayudaron como siempre con sus títulos. De esa manera, los empresarios acompañaron la gesta contra el miedo al pasado y emitieron órdenes de compra. 

UNA JEFA DE CAMPAÑA PIROMANÍACA

Pero la taba se dio vuelta y el cachetazo electoral generó un lunes negro. Macri había tomado de su propia medicina. Al ¡No se inunda más carajo!, de pronto lo tapó el agua y el domingo quiso mandar a dormir hasta el Mago sin Dientes, que aguardaba una explicación en la soledad del bunker oficialista.

El mismo personaje, horas después le pidió una audiencia en las redes sociales para persuadirlo que deje de lado el asfalto y le de un poco de comida a la gente. Las encuestas pueden teñirse de engaño, pero los hombres de la Casa Rosada debieron por lo menos haberse internado en el Gran Buenos Aires, para pisar el barro y respirar un poco del aire de la bronca que se percibía.

El «no la vimos venir», es muy pobre conceptualmente y no alcanza para cerrar la herida del desencanto.Lo que estamos viendo ahora, es un gobierno en estado de shock, cuyo más claro síntoma, inexplicablemente es haber decidido darle más poder a la inefable Elisa Carrió y dejar en sus manos el resto de la campaña.

Llegando al gesto simbólico de sentarla en la mesa de conducción al lado del Presidente.En la mesa chica,  se comenta que el eje de campaña seguirá siendo confrontar dos modelos de país. “Convengamos que de economía de economía no podremos hablar” se lamentaba un colaborador del presidente.

En este sentido, no son casuales las duras declaraciones de Elisa Carrió, que está convencida que “en octubre ganaremos”. Luego de decir la semana pasada que de la Quinta de Olivos los van a «sacar muertos» , la diputada estuvo este lunes en el programa Desde el llano que conduce Joaquín Morales Solá y dejó nuevas frases fuera de lugar.

«Soy la única vocera», sentenció  y lanzó una serie de exabruptos. «Vamos a condenar a quienes comuniquen reuniones falsas a través de los diarios», amenazó y sostuvo que «hay gente de Cambiemos que quiere debilitar al presidente». También bautizó “Yacunza” al nuevo ministro de Hacienda. Nada de eso ayuda a Macri, sino que probablemente amplifique los eventuales números de otra derrota.

Pero las verdaderas dudas, de este proceso de zozobra para la Casa Rosada parecieran ser dos y no han quedado despejadas. La primera, si la Argentina puede sostener a futuro su compromiso con la deuda emitida en los mercados financieros y el repago del préstamo del FMI. Y la segunda, si la dinámica de inflación, recesión, pobreza y caída acelerada de la legitimidad política de Macri tendrá alguna dosis especial de freno hasta que asuma el nuevo gobierno. La moneda está en el aire.

*Jorge Joury es licenciado en Ciencias de la Información, graduado en la UNLP y analista político. Para consultar su blogs, dirigirse al sitio: Jorge Joury De Tapas. 

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