Por Alejandro Delgado Morales.

Han dado por muerto al peronismo muchas veces, en particular desde el fallecimiento del mismísimo Juan Domingo Perón (1 de julio de 1974), pero claro, resulta que el peronismo se diseminó y reprodujo por cada rincón de la Argentina: Para unos, como savia que alimenta a un árbol, para otros, como un mal sin cura. Fue adaptándose a los nuevos tiempos y sí, tuvo formatos difíciles de explicar, pero aquí está como vigente fuente de inspiración para habitantes de diversas generaciones. Qué rol cumple entonces el neo peronismo…

El neo peronismo es un algo que tiene jugadores que prefirieron librar sus propios partidos sin importar formas, contenidos ni ideologías. En este tiempo, el senador Miguel Angel Pichetto podría ser interpretado como el líder principal de este espacio mayoritariamente compuesto por veteranos de guerras.

El compañero de fórmula presidencial de Mauricio Macri puso a los inescrupulosos en ridículo con su maniobra política, tomó la lanza y al grito de a cambiar se ha dicho dinamitó puentes con cara seria y mito de “hombre de Estado” a cuestas.

Hay un listado de conocidos en el grupo neo que hasta se manifiestan dispuestos a cambiar la letra de la marcha peronista ¿para qué seguir con el “combatiendo al capital” tan bien expresado por Hugo del Carril? Bien puede estar pensando así el veterano puntano Adolfo Rodríguez Saá, flamante incorporación al conglomerado de las buenas noticias, y por qué no el inífugo Carlos Saúl, si, Menem.

Antes de fallecer, el sindicalista de UATRE Gerónimo “momo” Venegas había inventado el “peronismo en Cambiemos” con el Partido FE y tuvo bajo el paragüas (no de José Ignacio Rucci) al hijo del combativo Saúl Ubaldini, también llamado Saúl pero que en el terreno político sólo compartió el apellido.

El vice jefe de Gobierno porteño, Diego Santilli, el diputado Eduardo Amadeo y el ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo se ubican entre los adelantados del neo peronismo, que en algunos rincones de la política ya lo rebajan sencillamente a pichettismo.

El presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, se encuadra en esta nube pero dispuesto a bajarse desde principios de año. Algún ex intendente, dirigentes de segundas y terceras líneas, también se tentaron por las luces macristas y ficharon, aunque no habría que asombrarse que en octubre rompan la papeleta.

El neo peronismo, una suerte de club de oportunistas que es amplio y generoso, que no tiene límites y que representa la papelera de reciclaje de la política.

Los veteranos juniors de esa fracción se sienten en condiciones de regresar al peronismo clásico, al estilo del regreso del hijo pródigo contenido en la Biblia. Quienes ya llevan muchos kilómetros recorridos y piruetas realizadas, probablemente piensen en un retiro de bronce y una jubilación divina.

¿Y el gobernador Juan Schiaretti?  Es cordobés.

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