Personalidades destacadas difundieron una carta abierta en la que se advierte que «nuestro país está en peligro» y se recomienda votar en las próximas elecciones nacionales por la fórmula del Frente de Todos.

El texto lleva la firma de conocidos actores, como Nancy Dupláa, Pablo Echarri y Dady Brieva; periodistas, como Víctor Hugo Morales y Horacio Verbitsky; músicos, como el ex líder de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, Carlos «Indio» Solari, y figuras del mundo judicial, como el ex miembro de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni.

Entre otras cosas, los referentes sociales explicaron que «esta situación» del país es la que los «moviliza» para «convocar a la acción ciudadana».

«Lo hacemos mediante un llamado coral, colectivo y sororo, que se proponga defender la posibilidad de construir un proyecto para el conjunto de nuestro pueblo. Con esperanza y decisión, nos pronunciamos por la fórmula Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner», resaltaron.

En la solicitada, los adherentes remarcaron que son todos «trabajadores y trabajadoras de la cultura, artistas e intelectuales» con ocupaciones diversas, pero que «intentan traducir una creación individual y, sobre todo, un espíritu colectivo«.

«Quienes firmamos este pronunciamiento somos hombres, mujeres e identidades diversas y disidentes interpeladas por una encrucijada histórica que se monta sobre dos certezas. La primera es que nuestro país está en peligro. La segunda, que otra Argentina es necesaria y urgente», explicaron.

Semanas atrás, otro grupo de artistas e intelectuales argentinos difundió su propia carta en la que apoyaban la reelección del presidente Mauricio Macri. El hecho generó polémica luego de que Sandra Pitta, una de las científicas del Conicet que firmó el texto, denunciara acoso en las redes sociales por su posición política.

Aquí La carta completa:

«Todos los argentinos —en esto no hay mérito: nadie elige dónde nacer, ni su circunstancia familiar— crecimos en un lugar rico en aguas y tierras fértiles, que nuestros antepasados trabajaron hasta volver confortables. Riqueza natural y potencial humano nos convirtieron en algo inusual: un lugar donde —en principio— desde el primero hasta el último ciudadano dispondrían de espacio y medios para desarrollarse y comida que llevar a la boca. Porque Argentina tiene, y produce, para todos los argentinos. En un territorio y con un pueblo así de generosos, a nadie debería faltarle lo esencial.

Sin embargo, Argentina es hoy uno de los países más injustos del mundo.

El actual gobierno llegó a la Casa Rosada porque se lo votó mayoritariamente. Pero desde el primer minuto archivó sus promesas, que alentaban la movilidad social ascendente que es propia del sueño argentino. Esa deshonestidad original —la revelación en los hechos de que nunca pensaron hacer aquello que prometían— se derramó sobre cada una de sus acciones, contaminando los organismos del Estado que desconocieron su marco legal y los objetivos para los que fueron creados. El Poder Judicial se transformó en un ente dedicado a la Interpretación Creativa de la Ley y el Armado de Causas. La cartera de Economía se convirtió en Ministerio de Endeudamiento, Blanqueo y Fuga. Trabajo devino Despidos y Desocupación. Desarrollo pasó a ser Ministerio de Limosna. Seguridad es Ministerio de Seguridad Privada y Represión Popular. Y Cultura implosionó, restando apoyo a la producción y la circulación artísticas que nos distinguían en el mundo, para ceder ese aire a los medios que creen que la Mentira y el Odio son alimento suficiente para el alma.

Desde 2016, el gobierno se desmarcó de la tradición liberal que fingió encarnar, apelando a herramientas antidemocráticas que desnudan su torpeza política. A la prensa opositora se la asfixia económicamente, a carpetazos y mediante amenazas de prisión a piacere. Millones de argentinos fueron empujados a una movilidad descendente, caída libre que amenaza superar los ‘logros’ de Menem y De La Rúa en tiempo récord: gente que ya no cubre necesidades básicas porque perdió el trabajo, pero también porque la yuga a destajo sin ganar ni para mantenerse a flote. No hay una sola de las dimensiones del Estado que no sea radiactiva: ya ni podemos confiar en la transparencia del voto popular.

A esta altura Macri ni se molesta en simular que conduce un plan económico, razón por la cual se alarman hasta los economistas ortodoxos. Este gobierno —todos los indicadores están ya a la vista— llegó a la Rosada sólo para hacerse con negocios jugosos, perpetrar mezquinas vendettas clasistas y habilitar la timba millonaria, moviendo fichas sobre el paño financiero mientras millones no
deslizan ni un mendrugo hacia sus hijos por encima del mantel de hule.

La percepción cada vez más extendida y alarmante es que vamos camino a ser un país donde nadie —en ningún sector del arco social— podrá vivir en paz. Ni siquiera nos queda el consuelo del futuro: el gobierno puso pararrayos en nuestras manos, mientras nos endeudaba de un modo que convoca a la madre de todas las tormentas.

Por eso las y los aquí firmantes — artesanos de la cultura que metaboliza las aspiraciones y desvelos del pueblo, laburantes de prensa que rechazamos la mentira y la extorsión como herramientas— dejamos a un lado diferencias partidarias y hasta ideológicas, para estar a la altura de la emergencia que corroe nuestra democracia. Más allá de inevitables desacuerdos de forma y fondo, coincidimos en esto: la única escudería que puede frenar este proceso de disolución nacional es el Frente de Todos, encabezado por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner.

Existe hoy un movimiento internacional de restauración que borra derechos que la humanidad ganó con sangre: la libertad de pensamiento y la igualdad de las razas, por mencionar sólo dos. El gobierno de Macri sirve a ese movimiento, por la única razón que conoce: su conveniencia. Pero los argentinos podemos frenar el daño aquí y ahora. Como herederos de una tradición histórica y política inédita, se lo debemos a los nuestros pero también a Latinoamérica y el mundo».

LF